(…) Hablo de leer un libro, organizar una excursión, visitar una exposición. Observo cómo todos estos buenos placeres se ven eclipsados por nuevos placeres –o placebos–, esclavos de la mayor vagancia mental y espiritual. Y en el epicentro de todo, esa nueva moda de las redes ¿sociales? Una forma de vida tan superficial e inútil como artificial. Todo se soluciona a través de conversaciones a modo de chat, triviales y vacías. Cualquier gran instante que tenga la desdicha de ser fotografiado adquiere mayor importancia como imagen que como sensación o recuerdo, un fugaz protagonismo que lo convierte, en cuestión de unos pocos comentarios –«lol», «XD», «jajaja»–, en un juguete roto. ¿Habremos convertido nuestras vivencias en artículos de usar y tirar y nuestras propias vidas en un objeto de consumo?
Redes ¿sociales? »